Con el alma hecha pedazos, pero llena de ti,
Mamá, ¿sabes qué es lo más difícil? No fue el día que te fuiste. Fue el día después, y el otro, y todos los días sin tu risa. Es aprender a vivir con este agujero que no se llena con nada. Es querer preguntarte cómo se hace esto de crecer sin ti. Es darme cuenta de que nunca voy a escuchar tu voz diciendo mi nombre otra vez. carta para mi madre fallecida para llorar
Gracias por todo, mamá. Hasta que nos volvamos a encontrar. Con el alma hecha pedazos, pero llena de
Hay noches en que sueño contigo. Eres tan real que puedo oler tu perfume, ese que usabas para las ocasiones especiales. Te veo cocinando, te veo peinándote frente al espejo, te veo leyendo con los lentes apoyados en la punta de la nariz. Y despierto, y por un segundo el mundo es el de antes. Luego llega la verdad, como un golpe seco en el pecho. Es aprender a vivir con este agujero que
Después de escribir esto, voy a tomar un pañuelo, voy a dejarme caer en el sillón y voy a llorar hasta que me duela menos. Porque llorar también es quererte. Porque el duelo es el precio del amor, y yo pagaría mil veces ese precio con tal de haberte tenido a mi lado.
Pero hoy, por esta noche, déjame llorar. Déjame ser débil. Déjame escribirte esta carta que nunca vas a leer, porque necesito que sepas que te llevo conmigo a todos lados. Que no hay un solo día en que no piense en ti. Que el amor que me diste no cabe en ningún ataúd ni en ninguna lápida. Que vive en mí, y que mientras yo viva, vivirás tú.
Te escribo porque te extraño. Porque aún hay días en que agarro el teléfono para contarte algo y me doy contra el muro de que ya no estás. Porque a veces, en la calle, veo a una señora de tu edad, con el mismo caminar cansado y la misma bondad en la mirada, y tengo que desviar la vista porque se me quiebra la voz.